Una profesión dificil

Una profesión difici (Joven? Científico)

(Editorial de la revista mexicana de investigación educativa, Volumen 10 -2005, escrito por

Aurora Elizondo Huerta)

Un tema recurrente hoy en día hace referencia a las grandes transformaciones de la sociedad contemporánea en sus distintas dimensiones.
Vemos, cada vez con mayor frecuencia, cómo el sujeto de la disciplina y las
certezas descrito por Foucault, se ve desplazado por el sujeto de la incerti-
dumbre y la innovación; el mundo de los horarios regulados con espacios
físicos determinados, es desplazado por la flexibilidad y la no ubicación
que permite el mundo virtual; advertimos también cómo el futuro, y su
eterna acompañante, la utopía, se ven opacados por la necesidad de mirar
y vivir el presente frente al temor que produce una sociedad que podemos
llamar del riesgo. La ética y la moral vuelven a ocupar un lugar trascen-
dental, desplazando la discusión entre lo correcto y lo incorrecto para poner
el centro entre lo posible y lo imposible, debate acompañado del fortaleci-
miento de posturas fundamentalistas intolerantes frente a una diversidad
que se expresa cada vez con mayor fuerza.

 Muchas son las interrogantes que surgen frente a este panorama; una
central es la referida a la formación de profesionales en educación, ¿en qué
medida el currículum que se diseña atiende a formar a esos futuros ciuda-
danos y profesionales del siglo XXI ? En ocasiones parece que las afiliacio-
nes identitarias docente y disciplinarias hacen muy difícil abrir y compartir
una apuesta para enfrentar los retos que ello supone, se impone conside-
rar, junto con las dimensiones económicas y sociales, la dimensión subje-
tiva que, por algún tiempo, se dejó de lado.

Con respecto a las tareas de investigación, puedo afirmar casi con se-
guridad, siguiendo a Isabelle Pourmir (1), que el campo de la investigación

pública, sector de la producción de conocimiento, ha sido poco estudiado y que se vuelve urgente describir y analizar los mecanismos que podríamos llamar de “sufrimiento” de este oficio, que dificultan su capacidad creativa. La precariedad del empleo y de su remuneración, así como las condiciones en las que opera, la hacen una profesión difícil. El impactode la llamada excelencia intelectual y la flexibilidad del oficio, que de manera contradictoria hace casi incompatible la noción del tiempo li-
bre, produce estragos de orden somático y psíquico entre quienes deci-
den optar, hoy en día, por la carrera académica buscando insertarse en
este mundo laboral.

    El joven aspirante a la profesión de investigador vive entre la rigidez
inherente a la investigación científica y la “obligación” de encontrar resul-
tados en tiempos muy restringidos; se debate entre la competencia ligada
a la idea de la rentabilidad a corto plazo, la poca solidez de la producción
científica y la carrera por la publicación; de manera paralela, padece la
amenaza de no entrar o bien de salir del mundo de la ciencia y la excelen-
cia, sujeto a un sistema de carácter meritocrático que, en ocasiones, difi-
culta su recorrido científico y frente a la ausencia significativa de ofertas
de contratación factibles.

    Mucho se ha alegado en torno a la dificultad de encontrar población
joven entre los docentes e investigadores universitarios, barrera casi insal-
vable para transformar las tradiciones, rituales, prácticas y campos disci-
plinarios que definen su hacer. La riqueza que adquiere la sabiduría universitaria
con miradas inexpertas pero poco temerosas al cambio y atrapadas en nue-
vas formas de ser en el mundo, no tiene posibilidad de generarse por la
ausencia casi absoluta de nuevas contrataciones y de condiciones que ha-
gan posible su inserción en el campo de la investigación científica.

    Se abren así un conjunto de interrogantes con respecto a nuestra profe-
sión y su campo laboral, que hoy están en la mesa del debate y que, en
alguna medida, deben involucrarnos a todos.

(1) Jeune Chercheur: soffrance identitaire et désarroi social. Libro escrito por Isabelle Pourmir, quien aborda el tema del sufrimiento del trabajo cientifico en Francia (Tesistas, postdoctarantes, profesores con contrato a duración determinada) y las peculiaridades del trabajo cientifico: el hecho de estar evaluado en permanencia y seguro de nada, todo esto dentro de un discurso meritocratico de excelencia genera una serie de desordenes emocionales que son descritos en el libro. Como anectota, La srta. pourmir es doctora en biología reconvertida en psicologa. 

 

 

Bastante oscura y ambigua la primera mitad del artículo, llena de indicaciones vagas que quien siga frecuentemente este estilo de opinión podría seguir y relacionar con algo similar a lo que la autora pretende. La segunda mitad parece preocuparse de la claridad de exposición y de la posible amplitud de lectores. Puedo ser injusto dado que no sé si la autora pensaba escribir para un público más amplio o para un público más especializado. De todos modos, con respecto a la segunda mitad del artículo, en lo que respecta a las dificultades con que se topan los futuros científicos, algunos comentarios:

En Matemáticas, a diferencia de otras disciplinas, no hay presión laboral sobre el investigador, joven o consolidado, respecto de la rentabilidad de su investigación. Sí la hay respecto de la periodicidad de publicación (en promedio un articulo publicado anualmente), respecto de la revista especializada en que se publique, su prestigio académico (valoración de los pares, antigüedad) y nivel potencial de difusión (índices de impacto ISI), y respecto de los recursos que el investigador atrae (adjudicarse fondos concursables para su investigación y para la institución. La simplificación de la toma de decisiones a niveles de alta administración académica y gubernamental ha llevado a distribuir la presión al investigador hacia la frecuencia de publicación, el nivel potencial de difusión y la obtención de dineros de fondos concursables, asumiendo que el prestigio académico necesariamente es alto si tales factores son altos. Junto a lo anterior, el investigador en matemáticas (salvo pocas excepciones) debe cumplir una docencia "aceptable" lo cual, gracias al proceso de Acreditación en Chile, se ha vuelto más complicado, al medirse todo cuantitativamente y a través de un "comité de expertos": sus propios alumnos. 

Por otra parte, lo habitual en Chile sobre investigación matemática es que genere publicaciones y se produzca bajo el auspicio de los fondos concursables, y casi en ningún caso establecer puentes hacia otras disciplinas. A veces parece que la comunidad de investigadores matemáticos ve de modo condescendiente lo simple de algunas herramientas utilizadas en proponer, adecuar o mejorar modelos matemáticos que pueden ser relevantes en tales disciplinas. Pero ni se establecen los puentes ni se valora ese tipo de trabajos, a menos que quienes los presenten tengan ganados sus laureles en el trabajo endógeno (investigar motivados por preguntas internas a cada disciplina) ya que las condiciones bajo las cuales se puede acceder a los fondos concursables interdisciplinarios requiere de un curriculum grueso.

Finalmente, aquello investigadores jóvenes que a la vez quieren conservar sus trabajos (en muchos casos contratos anuales, renovables), avanzar en ellos (acceder a niveles superiores de jerarquía académica, con contrato indefinido), realizar investigación aplicada mediante el tendido de puentes a otras disciplinas, y además se preocupan de su docencia (no sólo para evitar el ser menoscabados por la encuesta docente), deben trabajar muy duro, más de 60 horas semanales en varios casos, y bajo múltiples amenazas, siendo las principales las antes comentadas. Que ello en muchos casos tenga efectos somáticos y síquicos, es decir, tenga efectos en su salud mental, emocional y física, no es de extrañar. De todos modos, otros muchos pasan por ello con tranquilidad. 

 

 

 

 

 

 

-----------------

Sergio Muñoz Venegas

Santiago

Chile

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS
Cerrar